Negro Azabache

Encina

Ya no amo como el pino o el cerezo;

ahora amo como la encina.


Antes era como madera que ardía rápido

o como madera que en un puerto se hincha de agua,

como madera que espera una llama, pero que no prendería.


Ahora no, ya no amo como el pino;

antes los barcos tenían mi nombre

y morían, como mueren, en el mar,

pero podridos, no quemados.


Luego era como flor fragante que seducía la noche,

como flor cautiva que esperaba capturar un suspiro,

como flor que no se pudre y sería toda esencia.


Pero no, ya no amo como el cerezo;

antes las flores tenían un nombre

y morían, como suelen, por el tiempo,

pero dracomarchitas, no olvidadas.


Ahora sí, como la encina que no arde,

como el madero templado e inerte,

como una luna distante sin fe,

así, sí, así es como amo en la noche,

y en el día.


Ahora no, ya no amo como quien quiere amar.

Ahora no, ya no amo como quien quiere ser amado.

No, ahora no, ya no amo.


Ni piñón, ni cereza, ni bellota;

a veces es infértil la arboleda de la vida.


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